lunes, 26 de enero de 2015

El guardián entre el centeno, citas

“Quizá nuestras citas favoritas digan más de nosotros mismos
que de las personas a las que citamos.”

El guardián entre el centeno, por J.D. Salinger


“Este tipo de caída a la que creo que te diriges es de un tipo muy especial, terrible. Al que cae no se le permite ni oír ni sentir que ha llegado al fondo. Sólo sigue cayendo y cayendo.”

“Me paso la vida diciendo «encantado de haberte conocido» a personas que no me encanta nada conocer. Pero si quieres seguir vivo, tienes que decir esas cosas.”

“Si quieren saber la verdad, no me gustan mucho las obras de teatro. No están tan mal como las películas, pero tampoco son como para volverse loco. Para empezar, me revientan los actores. Nunca actúan como la gente. Aunque ellos creen que sí. Algunos buenos lo hacen, un poco, pero no de una manera que te divierta verlo. Y si un actor es realmente bueno, se le nota que sabe que es bueno y eso lo estropea todo.”

“La vida es una partida, muchacho. La vida es una partida que uno juega de acuerdo con las reglas.

“De partida, un cuerno. Menuda partida. Si te toca en el lado de los peces gordos, desde luego es una partida, lo reconozco. Pero como te toque en el otro lado, donde no hay ningún pez gordo, ¿qué tiene eso de partida? Nada. De partida, nada.”

“Era uno de esos tíos que consideran una mariconada no partirte cuarenta dedos cuando te dan la mano.”

“Después me imaginé a toda la panda dejándome en un maldito cementerio con mi nombre escrito en una lápida y todo eso. Rodeado de tíos muertos. Jo, buena te la hacen cuando te mueres. Espero que cuando me muera alguien tenga sentido común suficiente como para tirarme al río o algo así. Cualquier cosa menos meterme en un maldito cementerio. Eso de que venga la gente los domingos a ponerte ramos de flores en el estómago y todo ese rollo. ¿Quién quiere flores cuando ya se ha muerto? Nadie.

“Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso.”

“Llevé el vestido al armario y se lo colgué. Tuvo gracia. Cuando lo colgué me puse un poco triste. Me la imaginé yendo a la tienda y comprándose el vestido sin que nadie supiese que era prostituta ni nada.”

“Me gusta mucho tomar el pelo a una chica cuando se presenta la oportunidad, pero es una cosa curiosa. A las que más me gustan, nunca me apetece mucho tomarles el pelo. A veces me parece que a ellas les gustaría que les tomase el pelo —de hecho sé que les gustaría—, pero es difícil empezar una vez que las conoces desde hace mucho tiempo y nunca les has tomado el pelo.”

“Los que de verdad me vuelven loco son esos libros que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera amigo tuyo y pudieras llamarle por teléfono cuando quisieras.”

“Verás que no eres el primero a quien la conducta humana ha confundido, asustado y hasta asqueado. Te alegrará y te estimulará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral ni espiritualmente del mismo modo que tú ahora. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si tienes algo que ofrecer. Se trata de un hermoso acuerdo de reciprocidad. No se trata de educación. Es historia. Es poesía.”


“Hay personas a las que no se debe tomar el pelo, aunque se lo merezcan.”

“La mayoría de las chicas a las que les coges la mano dejan la mano como muerta o creen que tienen que moverla todo el rato porque piensan que si no vas a aburrirte todo el rato o algo así.”

“Pensaba que era muy inteligente. Lo pensaba porque sabía mucho sobre teatro, y sobre obras de teatro, y sobre literatura y todo eso. Si alguien sabe mucho de esas cosas tardas bastante tiempo en descubrir si realmente es estúpido o no.”

“Los católicos siempre están intentando saber si tú también eres católico.”

“Bajé por una escalera diferente y vi otro «Que te jodan» en la pared. Quise borrarlo con la mano también, pero este lo habían grabado con una navaja o algo así. No había forma de quitarlo. De todos modos, es inútil. Aunque se dedicara uno a eso un millón de años, nunca podría borrar ni la mitad de todos los «Que te jodan» del mundo. Es imposible.”

“Eso es lo malo. Que no hay forma de dar con un sitio bonito y tranquilo porque no existe. Puedes creer que existe, pero una vez que llegas allí, cuando no estás mirando, alguien se cuela y escribe «Que te jodan» delante de tus narices. Prueben y verán. Creo que si algún día me muero y me meten en un cementerio y me ponen encima una lápida que diga 'Holden Caulfield' y el año en que nací y el año de mi muerte, debajo alguien escribirá «Que te jodan». De hecho estoy convencido.”

“Montones de veces no sabes qué es lo que te interesa más hasta que empiezas a hablar de algo que no es lo que más te interesa.”

“Lo malo de las chicas es que si un tío les gusta, por muy mala persona que sea te dirán que tiene complejo de inferioridad, y si no les gusta, ya puede ser buen chico o tener un complejo de inferioridad tremendo, que dirán que es un creído.”

“Si haces algo demasiado bien, o te andas con cuidado, o con el tiempo empiezas a querer lucirte y entonces ya no eres tan bueno.”

“No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.”

domingo, 11 de enero de 2015

Canción de Navidad, Charles Dickens

«Los caminos seguidos por los hombres hacen prever los finales a los que conducen si perseveran en ellos. Pero si se apartan de esos caminos, los finales habrán de cambiar.» 

FICHA TÉCNICA:
Título: Canción de Navidad (A Christmas carol)
Autor/a: Charles Dickens
Género: clásicos; ficción histórica; narrativa
Saga: autoconclusivo
Editorial: Círculo de lectores
Páginas: 142
Año de Publicación: 2005 (1843)

SINOPSIS:
Sumergido en su amargura y su resentimiento hacia los hombres y el mundo, el viejo, malcarado y avaro Scrooge pasa sus días entre un trabajo que sólo le reporta dinero y un hogar huérfano de seres queridos. Pero la llegada de las Navidades y, con ella, de tres espectros que le mostrarán la realidad sin máscaras que la dulcifiquen, obrará en su ánimo un cambio radical. Porque nadie puede permanecer indiferente al dolor que sus acciones generan cuando la verdad del sufrimiento brilla con toda su oscuridad.

OPINIÓN PERSONAL:
¿Quién aún hoy no conoce al huraño Ebenezer Scrooge? Su historia se ha escrito, reescrito, adaptado, versionado, interpretado en teatros, llevado al cine... Hasta tal punto que es, posiblemente, el cuento navideño más conocido de la historia. ¡Un punto para la buena literatura! Sin embargo, probablemente por esa divulgación masiva que ha sufrido la novela corta, llegando a mí en múltiples ocasiones desde que era muy niña, nunca había sentido interés por leer la historia original. Un punto menos para mí. ¡Pero de este año no podía pasar! Así que una vez incluido en mi maratón navideño y terminados los volúmenes que lo precedían según el orden de lecturas dispuesto, me sumergí en el Universo Dickens.

Para entender en profundidad la razón de ser de este relato largo, es necesario conocer un poco por encima la biografía de su autor, quien influenciado por las tristes y humillantes experiencias vividas durante su infancia, simpatiza a través de su narrador omnisciente con las figuras más pobres y en situaciones minorizadas, criticando por el contrario a la clase burguesa, cuya única inquietud se reduce a la obtención de beneficios económicos. Canción de Navidad es, por tanto, una condena al capitalismo industrial del siglo XIX. Asimismo se considera que su publicación contribuyó notablemente a la restauración de la Navidad como una época festiva y de tradiciones en Reino Unido, donde su celebración había estado prohibida en tiempos de Oliver Cromwell.

Lo más destacable de la novela, además de lo bien perfilado de su personaje principal, arquetípico y dinámico, son sin duda sus descripciones, que contribuyen a una perfecta contextualización espacio-temporal por parte del lector. Si bien su narrador ágil y diestro hace del libro una lectura amena y brevísima, probable y nuevamente por lo conocida que es, la historia de Scrooge no ha llegado a calarme, aunque como ya he dicho, no lo achaco a la propia esencia de la novela, sino a lo trillado que está ya su argumento por las innumerables versiones de las que hablaba antes.

Crítica, surrealista y moralizante. Un clásico de contrastes que, a pesar de los cambios sufridos por la sociedad desde su fecha de publicación, sigue siendo una obra imprescindible para todo aquel que busca el verdadero significado del abstracto concepto espíritu navideño.

PUNTUACIÓN:

Buena lectura

domingo, 4 de enero de 2015

El guardián entre el centeno, J.D. Salinger

«Este tipo de caída a la que creo que te diriges es de un tipo muy especial, terrible. Al que cae no se le permite ni oír ni sentir que ha llegado al fondo. Sólo sigue cayendo y cayendo.» 

FICHA TÉCNICA:
Título: El guardián entre el centeno (The catcher in the rye)
Autor/a: J.D. Salinger
Género: clásicos; ficción; juvenil; narrativa; realista
Saga: autoconclusivo
Editorial: Alianza
Páginas: 279
Año de Publicación: 1951

SINOPSIS:
Las peripecias del adolescente Holden Caulfield en una Nueva York que se recupera de la guerra influyeron en sucesivas generaciones de todo el mundo. En su confesión sincera y sin tapujos, muy lejos de la visión almibarada que imperaba de la adolescencia hasta entonces, Holden nos desvela la realidad de un muchacho enfrentado al fracaso escolar, a las rígidas normas de una familia tradicional, a la experiencia de la sexualidad más allá del mero deseo.

OPINIÓN PERSONAL:
Pocos libros juveniles acumulan tanta controversia como esta novela de Salinger. y no precisamente por su contenido, a pesar de hablar con demasiada claridad de temas completamente tabú para la época en la que fue publicada, sino por los escándalos en los que se ha visto envuelta a lo largo de la historia, llegando incluso a prohibirse su venta en ciertos lugares de Estados Unidos, lo cual, sin embargo, no logró frenar su distribución.

La mayor polémica sobre este libro viene dada por su reiterada coincidencia en escenas de homicidio, entre las que destaca el asesinato de John Lennon, líder de The Beatles, cuyo asesino, tras hacerse con un ejemplar de la novela, escribir en él: “Esta es mi declaración” y firmar como “El guardián entre el centeno”, siguió al músico y le asestó cinco disparos, para luego sacar el libro y dedicarse a leerlo hasta la llegada de la policía.

Ha sido también foco de numerosas teorías de la conspiración, como la idea de que fue un instrumento utilizado por la CIA en su programa MK Ultra para realizar ciertas actividades y operativos de control mental, usando señales eléctricas y drogas para cambiar el funcionamiento del cerebro. Pero para un lector corriente, ¿resulta realmente tan descabellada?

Crítica, claridad, concisión e incomprensión son posiblemente las tres palabras que mejor definen la esencia de esta novela, la cual ha de entenderse en su contexto, pues si olvidamos el que, como ya he dicho antes, su mayor virtud fue la de hablar sin tapujos sobre temas tan vedados en los años cincuenta como el sexo, la delincuencia o la codicia, asuntos acerca de los que hoy en día no es extraño leer, lo más probable es que no logremos entender en profundidad la importancia social que se oculta tras esta historia aparentemente corriente.

El tono desenfadado de las palabras de Holden Caulfield, personaje principal de la obra, contribuye eficazmente a que su lectura resulte rápida y amena, dando a entender Salinger su sencilla y poco rebuscada prosa como un indicio de la incapacidad del propio protagonista para comunicar sus ideas y sentimientos, empleando reiteradamente muletillas como "jo", "por el amor de Dios", "maldita sea", "tío" o "y eso". Es en este hecho, el que no solo las acciones o ideas expresadas por Holden perfilen su personalidad, sino también la prosa de la novela en su totalidad —al estar esta narrada en primera persona—, donde queda patente la destreza del autor para la elaboración de personajes humanos y complejos.

Tras esta prosa falsamente plana se esconden, sin embargo, reflexiones existenciales de lo más interesantes, pues nuestro auténtico guardián entre el centeno no es solo un Holden incomprendido, sino también uno al que le resulta imposible comprender todo lo que sucede a su alrededor y que rechaza tajantemente cualquier convencionalismo social o comportamiento regido por la más mínima norma, resultándole completamente falso e hipócrita.

Otra de las peculiaridades de la novela es la ausencia de la habitual evolución en la personalidad del protagonista, inducida por los acontecimientos vividos a lo largo del libro. Será el mismo Holden Caulfield impulsivo, indiscreto, mentiroso, exagerado, vulnerable, inmaduro, solitario, indeciso y crítico que nos dio la bienvenida a su lectura, quien nos despida de ella. No comprendía y no comprende. Nihil novum sub sole.

Trascendental, profunda, simbolista y compleja. Una elaborada vuelta al pasado que refleja fielmente lo poco que dista en realidad nuestra sociedad de la de aquellos reprimidos días, y el irremediable temor del ser humano a la muerte y el inexorable paso del tiempo.

PUNTUACIÓN:
Increíble